Puxa Gallery

“Nada es lo mismo»

Puxagallery presenta la quinta edición de “Likes”, colectiva anual de la galería, apostando por el espíritu creativo, el entusiasmo por vivir y la singularidad de las cosas.

Tras dos años de problemáticas sanitarias, sociales y culturales, aún envueltos en las nieblas que genera la crisis mundial sobre un circuito artístico que sigue renovándose, Puxagallery presenta su proyecto anual “Likes” con una exposición colectiva que pone su acento en la renovación del espíritu creativo, el entusiasmo por vivir y la fe en la singularidad de las cosas. La muestra, con obras recientes de nueve artistas propios e invitados, se inaugura el jueves 17 de febrero de 2022 en la sede de la galería.
Se trata de un nuevo encuentro generacional que aboga por la reflexión, la inteligencia y una lírica que habita el contraste de formas y conceptos, tomando prestado el título “Nada es lo mismo” del poema homónimo del añorado Ángel González, en un canto al optimismo contemplativo y las menudas diferencias que definen el transcurso del tiempo. Huyendo de la mímesis y anhelando nuevas voces para aplaudir nuevas historias con pinturas, esculturas, fotografías e instalaciones site-specific que trazan lecturas transversales entre cada autor y el conjunto, sutiles interacciones fragmentarias donde el espacio convive con registros orgánicos, geométricos, paisajísticos y narrativos.

Entre las artistas invitadas están las argentinas Luciana Rago (1982) y Florencia de Titta (1985) en cuyas instalaciones es frecuente la alternancia de tejidos y pinturas. La primera, con una delicada instalación de su serie “Pinturas involuntarias”, fusiones entre la fibra orgánica, los pigmentos y la escenografía a partir de materiales naturales. La idea de la apropiación del espacio es clave en su propuesta, con pintura y papel como metáforas tactiles de las vestimentas, homenajeando a pasajes místicos que buscan el contacto directo con el espectador. Florencia de Titta, por su parte, reivindica las palabras y las formas ancestrales para abordar temáticas como la inmigración o la historia del trabajo doméstico. En ambos casos constatamos un énfasis hacia lo femenino, febriles apuestas por superar los males de nuestro tiempo, empeños que se patentan también en el original universo figurativo de la asturiana Sandra Paula Fernández (1972), cuyo espectacular dibujo-collage sobre dibond “Porque no hay planeta B” sirve a la galería para denunciar el consumismo, el maltrato o el abuso patriarcal, a partir de iconos visuales que aprovechan los recursos digitales y pictóricos desde un delicioso horror vacui que ironiza sobre la necesidad de seguir cuidando la Tierra. Esa visión ecológica es también esencial en la serie fotográfica “Honest Landscaspes” de la canaria Marisa Culatto (1964), que está desarrollando su carrera en Londres con la cotidianeidad como paradigma para conjugar lo visual y lo semántico, recuperando archivos personales que imprime, arruga y vuelve a fotografiar en sugerentes alegorías que transmutan la realidad.

 

En “Likes 2022” contamos también con los trabajos recientes de varios artistas de la galería, como Santi Lara (1975), que ha seguido evolucionando sin prisa ni pausa desde su última exposición individual en Puxagallery y su posterior participación en varias ferias internacionales. En estas piezas en pequeño formato continúa el pintor manchego ilustrando un espacio deshabitado, una suerte de post-futuro repleto de figuras utópicas para narar las distopías del mundo actual. Visiones atemporales, tiernas y poderosas, en los límites de la ficción. De la valenciana Silvia Lerín (1975), que hace dos años se unió a Puxagallery tras una exitosa trayectoria en el Reino Unido y una beca de la Casa Velázquez, retomamos piezas de la serie “Copper Landscaspes”, pinturas que buscan la constante filiación entre emociones y energías; caminos visuales donde los pigmentos se funden con la piel de cada textura, de apariencia metálica, y leves matices que reclaman una quietud contemplativa y poco complaciente. También los trabajos del leonés Ramón Isidoro (1964) trascienden la superficie del soporte tanteando esas pulsiones austeras sobre la corteza de la pintura, con el silencio como obsesión. Sus últimas series, en pequeño formato sobre papel, continúan explorando las melodías semiocultas de la materia, en tenues capas que reclaman la paz interior, la pasión de luz y eldeseo oculto de ciertas melodías musicales. La levedad orgánica de Mar Solís (1967), que en el pasado mes de septiembre presentó su segunda individual en Puxagallery, genera hoy estas vibraciones, dispersiones y fracturas de sus esculturas de acero y madera que, a modo de cataclismos, fluctúan conectando el arte y la ciencia, bajo espacios ingrávidos donde nada es lo que parece. Como hace también el japonés Tadanori Yamaguchi (1970), cuyas últimas esculturas experimentan con lo terrenal y lo espiritual, asumiendo el hatsuru (diálogo directo sobre la materia) como guía, sin otras herramientas industriales ni virtuales; trazando huellas en el mármol y la piedra; tallando luces, erosiones, rotaciones y otros misterios inmemoriales que son pretextos, en fin, para armonizar la complejidad superficial y la serenidad interior del sueño creativo.