El conejito de Art Paul

“Conejo”, como eufemismo de la sexualidad de la mujer .

Art Paul, diseñador y creador del famoso logo de Play boy, declaró en la prensa que, entre otras razones, eligió el conejo porque «es una animal fresco, tímido, vivaz, saltador, sexy». «Primero te huele; después se escapa; más tarde regresa y dan ganas de acariciarlo, de jugar con él. Una chica se parece a un conejo. Es alegre”.

 

El conejito de Art Paul, ¿qué hay de nuevo, viejo? parte de la construcción de una imagen a través de la suma de diferentes referencias de la cultura popular: el conejo de Playboy, una calavera y Bugs Bunny. Estos elementos, planteados como piezas independientes, se relacionan con un conejo bordado a mano en punto de cruz, construyendo entre todos una nueva imagen.

La obra parte del conejo como eufemismo de la sexualidad femenina. Art Paul, diseñador y creador del famoso logo de Playboy, explicó la elección del conejo asociándolo a características como lo alegre, juguetón, sensual y sexy, llegando a comparar su comportamiento con el de una mujer. La pieza toma esta construcción cultural de la feminidad y cuestiona la objetualización y sexualización del cuerpo de la mujer dentro de un imaginario que ha producido y normalizado determinadas formas de mirar y representar lo femenino.

Pero la obra no se limita a desmontar el icono de Playboy. También reflexiona sobre cómo se construyen las imágenes y cómo cambia su significado cuando diferentes signos se encuentran. La calavera introduce la muerte; Bugs Bunny, el humor, el juego y la cultura popular; Playboy aporta el imaginario sexual. Al reunirse, estas referencias dejan de funcionar por separado y generan otra cosa: 1 + 1 + 1 no da 3, sino una imagen nueva.

El conejo aparece además mordiendo unas zanahorias de forma fálica, introduciendo otro desplazamiento dentro del imaginario sexual de la obra. La frase «¿Qué hay de nuevo, viejo?», asociada a Bugs Bunny, remata la pieza desde el humor y plantea una pregunta sobre qué ha cambiado realmente y qué imaginarios seguimos reproduciendo. La obra propone así un proceso de desmontaje, apropiación y reconstrucción: tomar imágenes conocidas, fragmentarlas, ponerlas en relación y construir, puntada a puntada, otra manera de mirar.

La traducción española, introduce un juego que va más allá de la simple oposición entre lo nuevo y lo antiguo. Ese «viejo» interpela también a una forma de pensar masculina, rancia y machista: unos códigos de representación heredados que, aunque pertenezcan a otra época, todavía permanecen en nuestro imaginario. La pregunta por lo nuevo se convierte así en una pregunta sobre cuánto ha cambiado realmente esa manera de mirar y representar a las mujeres.

La obra utiliza además el punto de cruz, una técnica históricamente vinculada al trabajo doméstico y a las labores realizadas por mujeres. La imagen procedente de la cultura popular y de la industria del entretenimiento es trasladada a un espacio íntimo y manual. La aguja se convierte en otra forma de intervenir sobre una historia cultural que aparentemente pertenece al espacio público. La obra establece así un diálogo entre una imagen de amplia circulación social y un gesto lento, repetitivo y doméstico.

En El conejito de Art Paul, ¿qué hay de nuevo, viejo?, las historias reales no aparecen como una narración lineal. Aparecen fragmentadas en imágenes, referencias y objetos culturales que forman parte de una memoria colectiva. La obra toma esas referencias, las mezcla y las reconstruye para producir otra manera de mirar aquello que ya conocemos.